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Introducción.
Dentro de los ocho Objetivos del Milenio se considera, en el cuarto
objetivo, la necesidad de reducir en dos terceras partes la tasa de
mortalidad de los niños menores de 5 años. Y en el sexto, detener y reducir
la propagación del Sida, paludismo y otras enfermedades graves.
¿Se cumple esto?. No. Hay una serie de denuncias que hace años circulan
sobre los abusos que comenten las farmacéuticas en África.
Experimentaciones, contagios deliberados de enfermedades... Poco de eso
llega a las portadas. Muchas veces se cita entre los artículos relativos a
los pocos avances que se logran para contener la pandemia del SIDA o cuando
surge alguna epidemia, como la de malaria.
Por eso el caso de Nigeria contra Pfizer es crucial en este tema.
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La denuncia.
Pfizer es una empresa farmacéutica que maneja miles de millones de dólares,
famosa porque entre sus productos está la Viagra. En los primeros días de
junio del 2007, apareció en un titular del Washington Post que el gobierno
de Nigeria había decidido demandarla. ¿El motivo?. Los ensayos en la región
de Kano de un fármaco contra la meningitis llamado Trovan (trovafloxacino)
en el año 1996 faltando a los protocolos establecidos en la Declaración de
Helsinki, según un informe elaborado por expertos nigerianos del Ministerio
de Sanidad, llevado a cabo tras una investigación del mismo periódico
norteamericano por el periodista Joe Stephens.
La Declaración de Helsinki que regula este tipo de
prácticas establece en su artículo 5 que En investigación médica en
seres humanos, la preocupación por el bienestar de los seres humanos debe
tener siempre primacía sobre los intereses de la ciencia y de la sociedad;
el artículo 8 claramente señala que La investigación médica está
sujeta a normas éticas que sirven para promover el respeto a todos los
seres humanos y para proteger su salud y sus derechos individuales" y
más cuando se trata de poblaciones vulnerables, como la nigeriana; el
artículo 20 indica que Para tomar parte en un proyecto de investigación,
los individuos deben ser participantes voluntarios e informados; y el
artículo 24 apunta con claridad que Cuando la persona sea
legalmente incapaz, o inhábil física o mentalmente de otorgar
consentimiento, o menor de edad, el investigador debe obtener el
consentimiento informado del representante legal y de acuerdo con la ley
vigente. Estos grupos no deben ser incluídos en la investigación a menos
que ésta sea necesaria para promover la salud de la población representada
y esta investigación no pueda realizarse en personas legalmente capaces.
Pfizer incumplió estos artículos de la Declaración, ya que la
experimentación de Trovan se hizo en cerca de 200 niños de manera ilegal,
lo que condujo a la muerte a 11 y la malformación al resto. Sin contar con
la obvia violación a las Convenciones de la ONU y africanas sobre los
derechos de los niños, y las violaciones a las leyes nigerianas.
Como ha indicado el abogado nigeriano Paul T. Adujie Pfizer es la
compañía farmacéutica más grande del mundo. Pfizer sabe cuáles son los
leyes y los estándares éticos. Pfizer está totalmente familiarizada con
protocolos estándares para los ensayos clínicos. Pfizer no es una compañía
farmacéutica cualquiera. Pfizer, completamente indiferente hacia el valor
de la vida de nuestros niños en Kano, realizó experimentos ilegales, como
en Tuskegee, con seres humanos, como si fueran ratas de laboratorio. El
único interés de Pfizer está en el fondo. ¡Los beneficios y más
beneficios!. Pfizer llevó a cabo sus experimentos antiéticos en nuestros
niños, sin el requisito del consentimiento informado, y sin obtener primero
las aprobaciones reguladoras y/o la autorización de las autoridades
apropiadas de Nigeria y de las agencias. ¡Niños inocentes explotados por
Pfizer para que ella se quedara con los beneficios!. ¡Trovan ganó en total
más que mil millones dólares por año!.
Agravante de este acto es que cuando fue aprobado el Trovan tanto por la UE
como por Estados Unidos, su uso quedó restringido sólo para adultos.
Posteriormente, la UE decidió retirarlo por los daños hepáticos que
producía.
¿Cuál ha sido la defensa de Pfizer?. ¿Negar los hechos, decir que fue un
error?. No. Su defensa es que pidió consentimiento verbal a los padres para
realizar el experimento. Y, según lo indicado por el portavoz de Pfizer en
Nueva York, Bryant Haskins, las pruebas de Trovan fueron hechas de manera
responsable y con el pleno conocimiento del gobierno nigeriano.
El consentimiento para este tipo de experimentos no puede ser verbal, ya
que los pacientes deben ser completamente conscientes de los riesgos y
deben atestiguarlo firmando un documento donde estén especificados. Y en
cuanto al gobierno de Nigeria, éste presentó documentos ante la Corte
Suprema Federal donde consta que Pfizer no tuvo la aprobación de las
agencias reguladoras del Estado para este tipo de acción. Por ende, no
habría actuado éticamente al probar el Trovan. Según lo indicado por la
agencia Reuters a finales del mes de junio, "Los demandantes
argumentan que los acusados nunca obtuvieron la aprobación de las agencias
reguladoras relevantes, ni tampoco buscaron o recibieron la aprobación para
conducir las pruebas clínicas en alguna oportunidad anterior a de su
conducta ilegal".
La situación se complejiza aún más si se considera que el Trovan fue
probado en medio de una grave epidemia de meningitis. Y que hay denuncias
que no van a ser consideradas, como las que provienen de la región de
Abuja, por un simple error en el procedimiento para efectuarla, no porque
no haya ocurrido.
Lo que perjudica el caso es que el gobierno central de Nigeria no actuó
hasta después de que los padres de las víctimas, agotados de una serie de
demandas infructuosas llevadas a cabo por Elaine Kusel de la firma de
abogados Milberg Weiss, Bershad & Schulman, consiguieran, después de 11
años, que éstas fueran escuchadas, y que el gobierno de la región de Kano
pidiese responsabilidades por las consecuencias del llamado caso del
"Test de Trovan de Kano". Otro problema es que efectivamente hay
una aprobación del Comité Ético de la región de Kano, y que se experimentó
cuando había una enfermedad circulando en el ambiente, por lo que los
efectos secundarios pueden atribuirse a la meningitis (la sordera y la
ceguera que padecen muchos de los afectados) y no al medicamento
(hepatitis).
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El trasfondo.
Sin embargo, ya sea en uno u otro caso, el hecho concreto es que este tipo
de acciones no son aisladas, y no ayudan en nada a la gente. Lo ocurrido en
Kano, ya fuera con consentimiento del Estado o sin él, produjo muertes y
deformaciones en niños, y la noticia se esparció entre todos los habitantes
nigerianos y de los países vecinos, lo que les llevó a rechazar el programa
de vacunación contra la polio encabezado por la OMS. Cada vez, las personas
tienen más miedo a la medicina occidental y prefieren no vacunarse antes
que ser deliberadamente contagiados con alguna enfermedad, lo que ha sido
considerado en algunos organismos, como la USAID, un reflejo de la
ignorancia de esa población sin cuestionar su rol en ese tipo de
reacciones. Si pensamos en el caso de Libia o en el de República
Democrática del Congo, no podemos juzgarlos con tanta ligereza. En ambos
países, médicos y enfermeras de misiones religiosas han estado involucrados
en casos de mala praxis médica que han tenido como resultado la muerte de
personas. O la trágica historia del Experimento Tuskegee, citada por el
abogado Adujie, y que es emblemática en este tipo de prácticas, en el que
africamericanos del Estado de Alabama, Estados Unidos, fueron objeto de una
investigación entre 1932 y 1972 en el hospital de ese nombre, el único para
negros, que consistió en evaluar la evolución de la sífilis en pacientes
negros varones a los que no se les aplicó (más bien se les negó) el
tratamiento para mitigar la enfermedad, dejándoles deliberadamente morir.
Como en el caso Kano, esta investigación se realizó en medio de una
epidemia, en este caso de sífilis, que sufrían las comunidades rurales del
sur de ese país, y aprovechando que el hospital Tuskeguee sufría un grave déficit
financiero.
Y mencionamos casos conocidos. Los casos de mala praxis son muchos
más.
La desconfianza hacia la medicina proveniente de empresas europeas y
norteamericanas ha llegado incluso a enfrentamientos directos entre los
Estados y las empresas. Un caso es el de Brasil, donde el presidente Lula
da Silva dio el visto bueno a la producción de genéricos para combatir el
VIH alegando, con sencillez, que los precios cobrados por las empresas
europeas en este tipo de medicinas son exorbitantes. Pero el caso más
problemático para las farmacéuticas es el de Sudáfrica, donde su presidente
Thabo Mbeki ha puesto en duda las investigaciones científicas sobre VIH,
tachándola de racista, denunciando la censura que sufren quienes cuestionan
las tesis oficiales y ha suspendido la administración del AZT por tóxico,
sobre todo para las embarazadas. Organizando congresos médicos
alternativos, y buscando nuevas fórmulas, más tradicionales, para combatir
la enfermedad, Mbeki se niega a seguir permitiendo que las empresas
obtengan sus cuantiosos beneficios a costa de la salud de la gente de su
país, apoyado por Brasil, gran parte de los países africanos y también por
la India.
Este tipo de medidas, que a primera vista puede parecer muy adecuadas,
tiene un reverso tenebroso: cada vez menos personas saben qué es realmente
el VIH y adoptan actitudes que contribuyen mucho a su expansión, como las
violaciones de menores de edad.
Por eso el silencio en la prensa occidental sobre el caso Pfizer es grave.
No sólo porque considerar que estas cosas no pueden ocurrir a los niños de
Francia o de España es tener estrechez de mira sobre cómo actúan estas
empresas, sino porque no se pone atención en qué tipo de tratamientos
estamos recibiendo ni cómo han sido testeados. Se ha enfatizado mucho la
defensa de experimentaciones médicas en animales, sobre todo en el área de
la cosmética, pero ignoramos totalmente cómo resuelven el problema las
empresas. Porque la Declaración de Helsinki es bastante clara: hay que
experimentar con seres humanos. No se puede obtener mejores medicamentos, y
por ende mejores soluciones a enfermedades, sin que haya pruebas en
personas. Y el caso Pfizer lo que está dejando entrever es que esos
conejillos de Indias son africanos pobres, de los cuales se sirven en
momentos de crisis o en los campamentos de refugiados. Y a los que después
se les niega el tratamiento para esa misma enfermedad, porque no son un
mercado lucrativo. O, como se denuncia constantemente en diversas páginas
de ONGs, se administran mal.
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Los antecedentes del proceso.
Si bien puede ser que Pfizer se libre de los cargos, es un hecho que se
está lucrando con la salud de millones de personas, no sólo en África.
Según datos que se publicaron en el periódico El País hace unos meses, Pfizer
registró unas ventas de 48.370 millones de dólares en 2006, sin contar los
7.900 millones de dólares por la venta de su división de productos de
consumo a Johnson & Johnson, operación valorada en 16.600
millones.
Aún así encuentra tiempo para quejarse, ya que al expirar algunas patentes
éstas pueden ser usadas por empresas de genéricos, lo que reducía sus
beneficios, y la obligaba a realizar un plan de ajuste que, como todo plan
de ajuste, comienza con despidos y con alza en los precios de los medicamentos,
con el fin de reducir costes, y potenciar su base de ingresos. No es la
única: Merck también redujo su plantilla, así como Bayer (otra empresa
cuestionada por su práctica de enviar medicamentos caducados a los
campamentos) y otras más.
Ese era el problema que centraba la atención de Pfizer hasta la demanda
nigeriana.
Primero fue el gobierno federal de la región de Kano, pero después Abuja,
donde se encuentra la capital de Nigeria, llevó a cabo otra demanda. Pfizer
luchó con todas sus fuerzas para impedir que a la demanda de Kano, que se
revisará el 30 de julio, se sumara la de Abuja, en la que el gobierno de
esa región pedía US$700 billones como compensación al gobierno por los
costosos tratamientos de cura y apoyo a las familias, y para indemnizarlas.
La demanda de Abuja fue desestimada por un tecnicismo legal: los papeles no
habían llegado a los demandados como indica la ley y, como expresó el juez
Babs Kuewumi de la Corte Suprema Federal en Abuja, capital de Nigera, la
presentación hecha parte de los representantes del gobierno nigeriano fue
vaga y ambigua.
Pero la de Kano sigue su curso. Y en este caso, Pfizer sí tendrá que
demostrar que actuó éticamente, ya que no ha negado los hechos. Y no una,
dos veces, ya que el gobierno de Kano presentó dos demandas: una con cargos
criminales y otra civil en dos tribunales separados. Por la civil se piden
indemnizaciones de 2.075 millones de dólares para las familias y los daños
colaterales producidos por la mala praxis de Pfizer.
Además tiene que enfrentar la demanda del gobierno central nigeriano, que
pide una compensación de 500 millones de dólares, la cantidad que el
gobierno dice que gastó en tratamiento, compensaciones y apoyo a víctimas
de Trovan y sus familias, y 450 millones de dólares en información al
público para erradicar las dudas que surgieron por las pruebas. El gobierno
señala que se gastó 1.000 millones de dólares en un programa de salud que
fracasó debido a las dudas provocadas por las pruebas de Trovan, mientras
que está reclamando 5.000 millones de dólares por daños generales.
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Conclusión.
El 30 de julio, debe decidirse si se cursa o no la demanda de Kano contra
Pfizer. Será entonces cuando tendremos mayores antecedentes sobre qué fue
lo que ocurrió en Kano y cuál será la excusa de Pfizer. De darse curso,
será la primera demanda en esta materia y sentará precedente en el Derecho
Internacional, además de poner sobre el tapete el respeto a la Convención
de los derechos del Niño.
Obviamente, para los muertos, las víctimas y sus familiares ya es tarde, y
el dinero no podrá jamás devolverles lo perdido. Pero si se puede por fin
abrir un debate sobre el actuar de las farmacéuticas y cómo deben aplicarse
los derechos de los niños. Las muertes y secuelas físicas de los 200 niños
nigerianos no pasaran a engrosar la lista de los miles de niños que han
tenido la misma experiencia.
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Tema importante por el cual el Perú no es ajeno
ResponderBorrarInteresante tema
ResponderBorrarLas enfermedades que afectan principalmente a los pobres no se investigan porque su investigación no resulta rentable para la industria farmacéutica.
ResponderBorrarexperimentación de Trovan se hizo en cerca de 200 niños de manera ilegal, lo que condujo a la muerte a 11 y la malformación al resto.
ResponderBorrarEste blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
ResponderBorrarMuy bueno
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